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6-11 años. El proceso de socialización

 

Muchos padres y madres creen que el proceso de socialización de sus hijas e hijos es un hecho natural que se produce de forma espontánea. A lo largo del presente artículo vamos a ver como la tarea de hacer amigos o amigas es una dura conquista no exenta de conflictos y decepciones. Intentaré clarificar cuál es el papel de la familia en este importante proceso.

Hoy en día se tiende a valorar el éxito social por el número de amigos que uno tiene. Muchos padres y madres se preocupan si su hijo o hija no es invitado a todas las fiestas de cumpleaños de los-as compañeros-as de clase o si pasa un fin de semana solo-a en casa.

Conocí a una niña que se sentía muy triste porque no había recibido ninguna llamada perdida en su móvil ese día, se sentía marginada y sola. Esta presión social hacia “tener muchos-as amigos -as” se produce a edades cada vez más tempranas.

Los más pequeños/as quieren hacer lo mismo que sus hermanos/as mayores, pero mucho antes que ellos. Es importante recordar que entre los 6 y 11 años de edad las redes sociales más importantes siguen siendo la familia y la escuela. El grupo de amigos, “la cuadrilla”, es algo que aparece después de la pubertad.

En esta franja de edad todavía no está desarrollada la capacidad de relacionarse en grupo de una forma estable fuera del contexto familiar o escolar. Aunque las condiciones de vida actuales fuercen a las niñas y niños a relacionarse durante muchas horas en comedores escolares o actividades extra-escolares no debemos olvidar que en este periodo de edad no son capaces todavía de estructurar una actividad grupal sin la dirección o supervisión de una persona adulta. 

Las relaciones de amistad suelen comenzar de a dos y se estructuran por proximidad o afinidad ( vecinas, primos, compañeras de deporte o actividades…). Inicialmente se realizan con la presencia cercana de una persona adulta (en casa, en el barrio, en el colegio) y posteriormente se va ampliando de forma progresiva tanto el radio de acción como el número de personas implicadas.

No conviene que los adultos fuercen el ritmo de este proceso.El niño o la niña deben ir adquiriendo seguridad y una serie de habilidades de forma progresiva, van a necesitar tiempo y tolerancia a la frustración. Las cosas no siempre van a salir bien a la primera y habrá que hacer nuevos intentos.

La iniciativa de los encuentros y la elección de las personas deben partir de los propios niños y niñas, son ellos los que deben sentir la necesidad de relacionarse y aprender a elegir las personas más adecuadas para ello. Aunque para ello deban pasar tiempo solos-as y aburrirse o llevarse algún desengaño. Los adultos pueden sugerir o facilitar los encuentros y las personas pero nunca forzarlos.

La socialización va a poner a prueba los resultados de un proceso de maduración que empezó mucho tiempo atrás. La familia constituye el grupo primario de socialización y se convierte en el espacio donde el niño-a tiene sus primeras experiencias de lo socialque van a servir de base para sus relaciones extra-familiares. Es aquí donde deben aprender a:

– Estar solo-a, jugar sola-o, entretenerse solo-a: la soledad no es sinónimo de abandono o marginación. Una niñao con esta capacidad está más preparado/a para decidir cuándo y con quién quiere relacionarse.

– No ser siempre el centro de atención: aprender a relacionarse fuera de casa significa despedirse de ser siempre el rey o la reina de casa, las amistades no me van a querer por “mi cara bonita” sino por los méritos o cualidades que sea capaz de demostrar.

– Tolerar la frustración y controlar los impulsos: esta capacidad va a permitir al niño o la niña adquirir los códigos de comportamiento socialmente aceptables. Tendrá que aprender a diferenciar lo que puede o no puede hacer en las relaciones con los iguales según el ambiente o el tipo de personas con quienes esté tratando. Las normas de comportamiento de las familias y los grupos sociales son diferentes. El respeto por los otros y sus diferencias va a ser muy necesario para mantener las amistades.

– Poder desobedecer: esto es diferente de “ser desobediente”. Un niño o niña que es capaz de revelarse, en alguna ocasión, y decir no a los padres, demuestra que está desarrollando un criterio propio y una personalidad con la suficiente fuerza para también poder decir no al líder dominante del grupo o al compañero repetidor cuando le propone algo inadecuado. Si se han adquirido estas habilidades en el seno de la familia, las relaciones sociales fuera de ella seguramente serán ricas y duraderas en el tiempo.

 

ENRIQUE SARACHO Psikiatra. Ediren Osasun Kooperatibako Zuzendaria|Psiquiatra. Director de Ediren Cooperativa de Salud.

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8. alea / 8º número 2009ko Urria / Octubre 2009 L.G.: SS-1023/07

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