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0-5 años. Educar y crecer juntos

 

La evolución social nos impulsa hacia  una educación más integrada para el  niño/a. Ser buena madre y buen padre es  difícil. Pero es necesario educar conjuntamente  y en cooperación, e incluso esta tarea  puede llegar a ser satisfactoria y estimulante,  si somos capaces de observar  cómo se desarrollan los niñas/as y cómo  construyen su identidad personal y social. 

En efecto, esa tarea común entre padres/madres y niños/niñas nos ayuda a todos  a crecer y a madurar como personas,  así como a mantener mejores relaciones familiares  y sociales. Tal proceso no se da por  sí solo, es un quehacer arduo, ya que ofrecer  al niño/a tiempo, seguridad afectiva y  límites exige un gran esfuerzo. 

Hoy día se tiende a compartir por igual  entre el padre y la madre la responsabilidad  de cuidar, educar y proteger a los hijos/as. El deseo de tener al hijo/hija es  esencial para su buen desarrollo posterior. 

La ilusión, el amor y el pensar en el niño/a  pone a la pareja en situación de ser padre y madre; y así, ambos inician un camino de  aprendizaje para toda la vida, un camino de  placer y alegría, pero también un proceso  de renuncia y de frustración e incluso de desaprender  ciertas actitudes heredadas en  bien de la familia y el entorno social.  Sabemos que el embarazo, el parto y los  primeros meses del niño/a tienen una gran  importancia; y por tanto, es normal que la  pareja o la madre se prepare para ese momento. 

Es sabido que el desarrollo del movimiento,  los sentidos y las emociones  empieza en el vientre materno; por ejemplo,  se sabe que el tabaco, el alcohol, las drogas,  el estrés, las emociones, etc. de la madre  tienen consecuencias para el desarrollo  del niño/a.  Durante el embarazo, el feto y la madre  mantienen una relación muy particular y estrecha  entre ambos, pues la vida de la madre  es también la vida del feto…, y ello puede  afectar a la vida de la pareja, ya que puede  hacerle sentir al padre en un segundo  plano o excluido. Hablar con la pareja sobre  ello y compartir los sentimientos es bueno  para disipar los fantasmas y los miedos  de todos, y en definitiva, muy beneficioso  también para el bebé que va a nacer.

La  confianza entre el padre y la madre es fuente  de confianza para los hijos/as del futuro

También es muy importante desde el comienzo  mismo que el padre o la pareja sea  soporte y apoyo para la madre, para que  ella, a su vez, proteja y sostenga al feto. Es  sano que ambos compartan la ilusión de ser  padres, creando momentos placenteros  para su bien y el del futuro hijo/a.  El recién nacido/a debe ser bien acogido  y es importante el contacto con el cuerpo  de la madre, o del padre u otros brazos  que lo/la acojan, para facilitar ese cambio  brusco y de tanta carga emocional para  todos. En estos momentos comienza el desarrollo  afectivo-social del niño/a. 

En la interacción diaria empieza la educación  en torno a las necesidades básicas  del niño/a (comida, sueño, llanto, sonrisa…)  en la comunicación con la madre, el padre  u otro adulto se van integrando las necesidades  físicas y afectivas. Así, al darle de  comer, además de alimentos, se le ofrece  también contacto corporal, miradas, olores, voz…

El sueño vinculado con la calma sosegada  y el placer de soñar. El llanto es la  primera llamada del niño/a, pero también  puede ser expresión de la necesidad física  o psíquica o de algún dolor… De esta manera  madre/bebé y padre/bebé en la interacción  cotidiana, van aprendiendo conjuntamente  a través de ese lenguaje corporal.  En esa interacción/relación exclusiva  que la madre con el bebé y el padre con  el bebé desarrollan durante los primeros  días, semanas y meses, se crea el vínculo  emocional, y se organiza el apego. Y ese  encuentro se consolida a través de las caricias,  la ternura, el diálogo afectivo y la satisfacción  de las necesidades de cada  momento.

Este apego es distinto y único en  cada hijo/a, y la forma de este apego condicionará  luego el modo de relacionarse que  tendrá cada hijo/a con las demás personas,  con los aprendizajes y con la vida.

En esa  relación aprendemos todos, los padres con  los hijos/as, y estos con los padres, viviendo  la alternancia entre el placer y los límites,  y aprendiendo a tolerar la frustración que  es la clave de la educación

Los padres influyen en la educación de  los hijos/as, y los hijos/as también influyen  en los padres. La familia es el grupo primario  de la socialización, por lo que merece  la pena que pongamos lo mejor en ella.

MARIAN GOIENOLA ALBERDI
Relación psicomotricista
Atención temprana

Seme-alabak aldizkaria
10. alea / 10º número
2010eko Ekaina / Junio 2010
L.G.: SS-1023/07

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