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Castigos, reglas, limites, autoridad y autoritarismo

Siempre se nos ha dicho que para tratar con¬†ni√Īos y ni√Īas peque√Īos hay que tener mucha¬†paciencia. Los castigos o la imposici√≥n¬†de normas es algo que con frecuencia consideramos¬†inadecuado para educar a nuestros¬†hijos/as peque√Īos: ‚Äú¬°qu√© pena! ¬°es tan peque√Īo/a!‚ÄĚ

Sin embargo, educadores y profesionales insisten cada vez más en que la falta de límites en la primera infancia acarrea graves consecuencias para la convivencia familiar y para el futuro desarrollo de nuestros hijos e hijas.


La diferencia entre autoridad y autoritarismo.

Venimos de √©pocas donde la autoridad se ejerc√≠a de forma arbitraria.¬†‚ÄúEsto se hace as√≠, porque lo digo yo, porque soy tu padre¬†y punto‚ÄĚ, nos dec√≠an nuestros padres. Las normas se cumpl√≠an¬†por miedo al castigo. El l√≠mite se pon√≠a m√°s abajo o m√°s arriba en¬†funci√≥n del estado de √°nimo de la figura de autoridad, en funci√≥n¬†del d√≠a que hab√≠a tenido o del resultado del partido de f√ļtbol. Asociamos¬†el concepto de autoridad con imposici√≥n, prepotencia,¬†sometimiento, represi√≥n e incluso dictadura o tiran√≠a. Pero¬†la autoridad tambi√©n est√° relacionada con valores tan importantes¬†como el respeto, la protecci√≥n, la seguridad, la convivencia¬†o el cuidado y el amor por los otros.

La autoridad nos permite vivir juntos.

El ejercicio de la autoridad posibilita la convivencia. El hogar es un lugar donde diferentes personas que tienen diferentes necesidades comparten un mismo espacio. Si no somos capaces de articular diferentes espacios poniendo límites y estableciendo prioridades, la familia deja de ser un lugar para el desarrollo de todos/as sus miembros y se convierte en un sitio donde unos se desarrollan a costa de otros.

La autoridad les permite relacionarse con todo tipo de personas fuera de casa.

Cuando ense√Īamos a un ni√Īo de corta edad a manejar la frustraci√≥n¬†y la agresividad de una forma socialmente adecuada, cuando le¬†ense√Īamos a diferenciar lo que se puede y no se puede¬†hacer en las relaciones con los iguales y con los adultos,¬†le abrimos el camino para relacionarse con todo tipo de¬†personas fuera de casa. Si le permitimos que descargue sus impulsos¬†espont√°neamente en todo momento seguramente se va a¬†ver implicado en conflictos y altercados cuando salga fuera. Esto¬†seguramente va a deteriorar sus relaciones sociales y por lo tanto¬†su imagen social y su autoestima.

La autoridad les da razones para querer crecer.

Vivimos en √©pocas de igualitarismo. Muy a menudo¬†pensamos que ser justos es dar a todos/as¬†lo mismo o exigir a todos/as lo mismo. Muchos¬†padres y madres viven siempre ¬†preocupados por¬†no hacer diferencias con los hijos/as. Si los peque√Īos¬†se van a la cama a la misma hora¬†que los mayores, si reciben la misma¬†paga, si comparten todos sus beneficios

………………….¬Ņpara qu√© hacerse mayor? …………………..

Antes los hermanos¬†peque√Īos envidiaban a los mayores. Hoy es al rev√©s, los mayores¬†envidian a los peque√Īos. Los ni√Īos/as de hoy no quieren crecer,¬†porque hacerlo significa ganar muchas responsabilidades y exigencias¬†y perder todos los privilegios.¬†

La autoridad les permite conocer el entorno.

La autoridad preserva nuestras ganas de aprender mientras cuida¬†de nuestra integridad f√≠sica. Si permitimos que las ni√Īas y ni√Īos den¬†‚Äúrienda suelta‚ÄĚ a sus impulsos no estamos favoreciendo su aprendizaje¬†sino bloque√°ndolo. Debemos evitar experiencias desagradables¬†o accidentes. Si yo le doy demasiada libertad y el ni√Īo/a se extrav√≠a¬†en el parque, si le permito jugar en un columpio o con un objeto¬†no apropiado para su edad y se lesiona, quedar√° marcado por¬†la mala experiencia y se le quitar√°n las ganas de seguir descubriendo
el mundo. Los adultos deber√°n marcar referencias claras de¬†lo que se puede o no se puede hacer de acuerdo con su¬†edad y sus capacidades. Decir ‚Äúya sab√≠a yo que esto iba a pasar‚ÄĚ
o ‚Äúten cuidado que te vas a caer‚ÄĚ no sirve de mucho.¬†

A través del ejercicio de la autoridad demostramos a nuestros hijos/as que nos importan. 

Somos más tolerantes con las personas que no nos importan, ni nos molestamos en enfadarnos con ellas. El ejercicio de la autoridad requiere por parte de los padres y madres una gran inversión de energía, cansa mucho. Por ello cuando no andamos muy sobrados de vitalidad sólo vamos a poner límites a alguien a quien queremos mucho. Muchas veces nuestros hijos/as nos desafían, se saltan las normas sólo para comprobar hasta qué punto nos preocupamos por ellos.

Referencia Bibliogr√°fica:

NELSEN, Jane (2007) C√≥mo educar con firmeza y cari√Īo. Disciplina¬†Positiva. Barcelona. Editorial Medici.

ENRIQUE SARACHO
Psiquiatra
Director de Ediren Coop. de Salud

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