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“Mamá, papá, respeta mi intimidad”

 

 

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El otro día me di cuenta, así de golpe y porrazo, que tengo derecho a mi intimidad. Tengo derecho a guardar secretos, a no contarlo todo y a pensar cosas que nunca, nunca, nunca contaré a nadie y eso no me convierte en una mentirosa, ni un fraude. No estoy engañando a nadie. Ser auténtica no es ir contando verdades de mi a lo bonzo, ni dejándome en descubierto delante de todo el mundo.

Este pensamiento, que vino a mí mientras escuchaba una deliciosa pieza de música clásica, me llevó inmediatamente a la infancia y a todas las veces que los padres nos ponen en evidencia delante de otras personas:

–          Hoy se ha vuelto a hacer pis en la cama…

–          No nos deja dormir en toda la noche

–          Es muy desordenada, nunca recoge su cuarto.

–          Me ha llamado la profesora, para decirme que es una vaga…

–          Ha suspendido francés

–          Me tiene harta, ¡come fatal!

–          Duerme con chupete, es un pequeñajo…

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Cosas que pasan dentro de la intimidad del hogar y que, de repente, ocupan el estrellato en la conversación del parque, en mitad de una comida familiar o cuando te presentan al compañero de trabajo de tu madre. La respuesta de los otros adultos suele ser una regañina:

–          ayyyy, que mala eres que no dejas dormir a tus papás

–          Mira que llevar chupete ¡¡con lo mayor que eres!!

El bochorno crece cuando no tienes derecho a la réplica y no puedes dar una explicación razonable a tu comportamiento y solo puedes bajar la cabeza y aceptar que eres lo peor…

Tu intimidad está expuesta a la opinión de otros sin TU consentimiento. Una empieza a perder la confianza en sus progenitores e intenta hacer cosas sin que se enteren porque sabe que en unos minutos alguien conectará con radio patio y su gran secreto será ventilado por toda la escalera. En unas horas todo tu círculo de amistades sabrá que te gusta dormir con una mantita  roñosa.

Cuando unos pamadres hablan mal de su criatura delante de mí me siento muy incómoda. Antes no decía nada pero últimamente les pido que paren, que no me lo cuenten. No quiero oír nada que la persona protagonista NO quiera contar.

 Nunca pregunto a los pamadres de un bebé si “es bueno”, si quiero interesarme cómo les va lo cambio por un ¿qué tal os arregláis? Si un pamadre se queja de lo revoltosa que es su criatura le remito a su propia infancia…

 Creo que los peques tienen derecho a ser tratados con el mismo respeto que una persona adulta y tienen derecho, como nosotros, a que se respete nuestra intimidad.

May Serrano – Madre Sin Hijos

 

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