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Sólo tres bocados más

 

sincomer6Los y las niñas/os empiezan a asimilar y a mimetizar las selecciones de alimentos de sus cuidadores de manera muy temprana, incluso antes de ser capaces de apreciar las implicaciones de dichas selecciones. Esto es particularmente relevante si se tiene en cuenta que en la etapa infantil se incorporan la mayoría de los hábitos y prácticas alimentarias de la comunidad. Así, tanto las preferencias como aversiones hacia determinados alimentos están fuertemente condicionadas por el contexto familiar.

En un gran número de casos, la conducta de los adultos está basada en presiones, amenazas, manipulaciones, comparaciones, premios o castigos. Es importante destacar que es más probable que los niños se alimenten correctamente en atmósferas emocionalmente positivas. Restringir su acceso a determinados alimentos incrementa su deseo por ellos, y forzarles a comer disminuirá su interés por hacerlo.

En este sentido, hay datos que señalan que muchos padres o cuidadores inducen a los niños de los que son responsables a comer más allá de las llamadas “señales de autorregulación innatas”, es decir, más allá de lo que dictamina su mecanismo del apetito.

Una investigación llamada “Just three more bites” (“Sólo tres bocados más”) y publicada en enero de 2007 en la revista científica Appettite evaluó el ambiente familiar a la hora de comer en una muestra aleatoria de 142 familias de diferentes niveles socioeconómicos. El 85% de los padres o cuidadores intentó que sus hijos (o los niños a su cargo) comieran más de lo que ellos querían. Esto se tradujo en que el 38% comió notablemente más de lo que hubieran comido si nadie les hubiera dicho nada. En global, el 83% de los niños comió por encima de su apetito. Son datos preocupantes si se tienen en cuenta las actuales tasas de obesidad infantil.

Un bebé de un mes dedica el 35% de las calorías que toma a crecer, algo normal si se toma en consideración que tiene que triplicar en un año el peso que tenía cuando nació. Sin embargo, el mismo bebé, cuando cumpla un año, sólo dedicará un 3% de las calorías que tome a crecer. Dicha cifra será suficiente para el crecimiento lento que se produce a partir de entonces, pero se asocia a una disminución en el apetito infantil, que desorienta a los padres o cuidadores. Ese porcentaje (3%) sólo aumentará un 1% en la pubertad y disminuirá pasada dicha etapa.

Muchos niños se vuelven más exigentes con la comida alrededor de los 18-24 meses. En dicho momento se suele iniciar, tal y como señala el European Food Information Council (EUFIC), una “larga batalla” para un gran número de cuidadores. Niños que antes comían frutas y hortalizas con naturalidad pueden empezar a rechazar dichos alimentos. Otros desarrollan la llamada “neofobia” (rechazo a nuevos alimentos), que es un comportamiento particularmente estresante para los cuidadores, y que les suele conducir a intentar convencer a los niños de una manera o de otra de que lleven a cabo una dieta saludable. Sin embargo, esas buenas intenciones no siempre son el camino deseable.

Impulsos normales y comunes:

1.- Insistir al niño para que coma y
2.- Restringir el acceso al niño a determinados alimentos.

No obstante, estos impulsos pueden tener tres efectos indeseables:

1.- sobre-alimentación
2.- aversiones y
3.- excesivo interés en alimentos prohibidos.

La propuesta es, por tanto, que las madres/los padres o cuidadores permitan que los niños “auto-regulen” las calorías que toman, dentro de una oferta de alimentos saludables, entre los que destacan las frutas y hortalizas, y que eviten forzar, obligar o imponer a los niños a que se acaben las comidas si no tienen hambre. Se advierte, además, que los niños varían con frecuencia las calorías que ingieren en distintas comidas, así que es normal y esperable que exista variabilidad en su volumen de ingesta.

Consejo

Explicación

Haga que la hora de comer sea agradable

La atmósfera emocional en las horas de comer es muy importante.No conviene utilizar dichas horas como una

oportunidad para regañar al niño.

No haga sentir mal al niño por no comer. Predique con el ejemplo Los padres, familiares o cuidadores son modelos que el
niño tomará como referencia a la hora de probar o no
probar un nuevo alimento, o a la hora de ingerir más
frutas y hortalizas.
Exponga al niño a una variedad de alimentos
saludables (ej: frutas y hortalizas)

Esto aumentará las posibilidades de que tenga ganas
de probarlos.

Ponga a su alcance frutas y hortalizas frescas. Si no le
insiste en que las pruebe, las posibilidades de que lo
haga aumentan.

No desista

Con paciencia, la exposición repetida (sin forzar,

insistir u obligar), puede romper la resistencia.

No restrinja el acceso a determinados

alimentos.

Esto incrementa la preferencia del niño hacia ellos. La

clave es evitar que estén en casa.

No fuerce al niño a comer ningún alimento.

 Esto disminuirá la preferencia por parte del niño hacia

el alimento.

La neofobia es totalmente normal. 

No debe tomarse como algo negativo, sino como algo

frecuente y esperable.

No use alimentos ricos en energía como

recompensa, ni frutas y hortalizas como

castigo.

Alterará las preferencias alimentarias del niño

 

Texto basado en el estudio realizado por el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (GREP-AED-N).  Julio 2010. “Si tú comes frutas y hortalizas, ellos también lo harán

http://www.grep-aedn.es/
info@grep-aedn.es 

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