Lactancia

Lactancia en tándem: pensaba que yo nunca lo haría

Siempre que había oído hablar de la lactancia en tándem pensaba que yo nunca lo haría; me parecía demasiado complicado.
Pero cuando me quedé embarazada de Lur, Eki tenía dos años y pico, y todavía mamaba. Con esa edad ya casi solo pedía el pecho para dormir, sin embargo aún era algo importante en su vida. Así que me dio pena quitárselo. Me pareció pronto, por los grandes beneficios de la lactancia materna, por la aportación que hace en el desarrollo emocional, inmunológico… Mi aspiración era que él se destetara de forma espontánea cuando ya no lo necesitara. Dicen que eso ocurre entre los tres y los cuatro años. Pensé que cuando Lur naciera Eki tendría casi tres años e imaginé que en unos meses integraría a Lur en su vida y poco a poco perdería el interés en el pecho. Además, durante los nueve meses de embarazo podría seguir disfrutándolo. Supuse que con mi gran motivación y un poco de ayuda, conseguiría darles a los dos lo mejor durante todo el tiempo que cada uno lo necesitara. Así que me apunté al reto de la lactancia en tándem.

Durante el embarazo, a pesar de que la producción de leche disminuye mucho y el sabor debe de cambiar, Eki no perdió interés en el pecho. Siguió mamando como la última temporada. A mí me molestaban los pezones, pero me compensaba poderle dar de mamar más tiempo.

Y nació Lur. Tuvimos la gran suerte de recibirla en casa tras un parto muy bueno. Mientras, llevamos a Eki a cenar a casa de su amona. A las dos horas de nacer Lur vino Eki a conocerla. Lo primero que hizo fue pedir también él el pecho y mientras mamaban los dos la fue observando. Después hubo un ratito en el que la miró mejor, la tocó, preguntó… y como ya se hacía tarde, dejando a Lur tranquila en brazos de su padre, le propuse a Eki ir a la cama. Se durmió al pecho como siempre, como si no hubiera pasado nada. Enseguida me levanté y fui a buscar a Lur que dormía en brazos de Mikel. Me sentí muy feliz de que el comienzo hubiera sido tan fácil.

Para mí era muy importante que Eki no sufriera grandes cambios por el nacimiento de su hermana, como tener que ir a dormir fuera de casa, o que yo me ausentara de casa varios días. Y creo que el no haberle sacado casi de su rutina, ayudó mucho a que acogiera más fácil a su hermana y a que los celos fueran más llevaderos.

Mikel se cogió las vacaciones y parte de mi baja maternal para poder estar los cuatro tranquilos los primeros meses y yo iba a coger excedencia un tiempo. Creo que esto fue crucial para poder estar yo con Lur tanto como necesita una recién nacida y que Eki tuviera tanta atención de su madre, como necesita un niño al que le acaba de venir una hermanita.

Los primeros días Lur mamaba a menudo largos ratos y Eki cada vez que la veía a ella al pecho, él lo pedía también. Procurábamos que Eki estuviera muy entretenido con su padre mientras yo estaba con Lur. Si era posible no le daba de mamar a la pequeña en su presencia y cuando ella dormía, yo estaba mucho con Eki para darle su “dosis de madre” todo lo que podía.

Durante los primeros dos ó tres meses siempre que Eki me pedía el pecho, yo se lo daba; no quería que él sintiese que Lur se lo quitaba o que era una rival. Además, para que perdiera progresivamente el interés era importante que siempre lo tuviera disponible, que no hubiera prohibición. En el sofá, con almohadas, yo me arreglaba para darles a los dos a la vez. Y Eki siempre aceptó mamar los dos juntos.

El único cuidado que tenía sobre todo al principio, era procurar que Eki mamara del pecho que Lur acababa de mamar. El mayor miedo que tenemos las madres cuando damos lactancia en tándem, supongo que es que el mayor le quite la leche al pequeño. Comprobé que eso no ocurrió. Durante los ocho meses en que mamaron los dos, Lur estuvo en el percentil 80, tanto en peso como en altura. Supongo que porque ella es así, pero curiosamente cuando ya solo mamaba ella, fue bajando de percentil hasta llegar al 25. Lejos de quedarse sin leche, creo que el estímulo del pecho que hacía Eki, le beneficiaba mucho a Lur. Y Eki volvió a disfrutar de leche abundante después de la escasez del embarazo.

Hacia los tres meses Mikel empezó a trabajar. Yo empecé a estar más tiempo sola con los dos.  Para entonces Lur ya mamaba menos a menudo y durante menos tiempo. Eki estaba un poco más hecho a la nueva situación. Si estaba entretenido ya no se acordaba de mamar, ni siquiera cuando veía a Lur. Tenía días mejores y días que volvía más a mí. Pero en general ya de día mamaba en momentos muy puntuales. Entonces le empecé a pedir que esperase a que terminase Lur. Y un poco después le pedí que ya solo mamara para dormir, que de día ya no mamara. Fueron los primeros pasos hacia el destete de Eki.

Durante el día me arreglaba, con algunos momentos más críticos y otros mejores. La lactancia cada vez era más fácil. Pero las noches eran difíciles. Antes de llevar a Eki a dormir, procuraba dejar a Lur recién mamada con su padre. Había veces que Eki se dormía enseguida y Lur estaba tranquilita. Y había veces que Eki tardaba más  tiempo y yo oía llorar a Lur. Aunque sabía que estaba en brazos de Mikel se me hacía muy duro. Con Eki dormido, luego ella me tenía para ella sola.

Como se suele decir, madre no hay más que una, y para mí hubo momentos que era difícil estar como yo quería con los dos. Una amiga me dijo “quisieras estar con los dos al 100% y eso es imposible”. Eso sentía yo. Me agobiaba mucho que uno de los dos tuviera que esperar o estar un poco peor porque yo tenía que atender al otro. Pero la vida es así y fue un gran aprendizaje que tuvimos que hacer los tres.

Durante la noche Eki volvió a empezar a despertarse varias veces. A medida que pasaba el tiempo, cada vez se despertaba más; incluso más veces que Lur. La última temporada, se despertaba más veces el mayor que la pequeña. Me imagino que la restricción diurna se reflejaba de noche. Debe ser duro aceptar en la vida a un hermano al principio.

Para mí lo más difícil de todo este proceso era cuando coincidía que se despertaban los dos a media noche, porque no podía darles a los dos y volverles a dormir a los dos a la vez, y a veces uno o los dos se desvelaban. Los tres lo pasábamos mal. La fuerza de la motivación y la esperanza de que iríamos cada vez a mejor, me hacía sobrevivir a esa deficiencia de sueño.

Mi aspiración a que Eki se destetara sólo, en ese momento me parecía que estaba muy lejos. Probablemente porque con tres años y pico él, aún estaba verde para no necesitar ya el pecho. Y además esto se agravaba al tener presente siempre a esa “pequeña rival” recordándoselo constantemente. Esas noches tan duras fueron las que me hicieron tomar la decisión de destetar a Eki. Con esa edad me parecía razonable pedirle que lo dejara.

Así que después de casi ocho meses de lactancia en tándem, tome la, para mí, dura decisión de destetar del todo a Eki. Es una de las cosas que más me han costado en la vida. Creo que para él fue más fácil que para mí. Pero eso da para escribir otro relato.

Tengo que agradecer a Mikel su apoyo; sin él no habría podido, ni dar lactancia en tándem, ni criarlos a los dos con respeto.

A veces pensamos si hubiera sido mejor destetar a Eki al principio del embarazo. Nunca lo sabremos. Supongo que habría tenido sus ventajas y sus inconvenientes. Igual que los tuvo darles a los dos durante ese tiempo. Me quedo con lo bueno que tuvo darles a los dos lo mejor, lo máximo que pude.

Rosa Lizaso

 

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