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Oparipuina: “THE DRAGON ROCKING GIRLS”

Érase una vez, hace muchos muchos años, una gran ciudad llena de color, alegría y diversión que una vez se tuvo que enfrentar a un gran problema. En esta hermosa ciudad vivía Olatz, una niña muy parlanchina y divertida siempre con ganas de aprender cosas nuevas.

 Un día mientras jugaba en el parque una gran sombra asomó por el cielo. Su abuela, Nina, le dijo que se acercara, pues pensó que la sombra era una nube que traía tormenta; pero Pablo, el abuelo, enseguida se dio cuenta de que aquello no era una nube normal, aquello era algo diferente, algo nunca visto.

 –¡Qué divertido, parece que se nos cae el cielo encima! –decía Olatz divertida.

 Y entonces ocurrió: ¡BROOOOMMMMM!

 El cielo se cayó encima de ellos y de toda la gran ciudad, produciendo un ruido tremendo, como si cien truenos estallaran al mismo tiempo; pero sin derramar ni una gota de agua.

 –¿Qué ha sido ese ruido? –preguntaban unos.

–¡Parece el fin del mundo! –exageraban otros.

–¡Por favor, por favor, llamad a los bomberos! –rogaban los más asustados.

 Había pasado era algo increíble, inimaginable, impensable, imposible… Un ser enorme había caído del cielo en medio de la Plaza Mayor, y era tan tremendamente grande que la cabeza se apoyaba en el tejado del ayuntamiento mientras que la cola se hundía en el río que estaba al otro extremo de la ciudad. 

dragon

Pasado el primer susto muchos curiosos se acercaron a la plaza para intentar ver qué o quién era lo que había caído del cielo tan estruendosamente. Y descubrieron, para asombro de todos, que se trataba de un dragón. Sí, sí, un dragón con todas las cosas que tienen los dragones: escamas por todo el cuerpo, una cola gigante, dos grandes alas, cuatro fuertes patas, una cabeza colosal, dos ojos redondos, un largo bigote y unos afilados colmillos.

 El dragón estaba hecho una furia, escupía fuego por la boca, quemando las ventanas de las casas más cercanas; y por la nariz y las orejas expulsaba un humo negro que ensuciaba los tejados de la ciudad. Todo el mundo estaba asustado, pero el que más asustado estaba era el dragón. Al pobre, como era grande y fuerte, le daba vergüenza que se dieran cuenta de que tenía miedo; así que, hacía lo que siempre había hecho enfadarse para parecer fiero y salvaje.

 La alcaldesa, la policía, los bomberos, los profesores… todos estaban allí, pero nadie sabía qué hacer cuando apareció Ana, la bibliotecaria de la ciudad, corriendo con un libro en la mano.

 –¡Escuchadme, escuchadme! –decía muy nerviosa.

 Ana explicó que cuando estaba en la biblioteca colocando los libros en las estanterías de repente uno de ellos se abrió él solito y, sin saber cómo, su protagonista desapareció. Y, ¿quién era el protagonista de ese libro? Pues el dragón que estaba en la Plaza Mayor.

Era asombroso, lo nunca visto y como nunca había pasado algo así nadie sabía qué hacer. Mientras la gente hablaba sobre cómo solucionar este grave problema, el dragón, asustado y enfadado, seguía quemando casas y ensuciando tejados. ¡Era urgente hacer algo!

 Entonces Olatz recordó el día que le enseñaron a hacer desaparecer una paloma con magia. Pensó que si sabía hacerlo con una paloma también se podría lograr con un dragón, aunque este fuera mucho más grande.

 –¡Ya sé qué podemos hacer! –dijo entusiasmada. 

Y Olatz explicó su idea.

varita_magica

 –Necesitaré una varita mágica grande, porque el dragón es enorme y una gran sábana para taparlo, es que en un sombrero no cabe y….

 –¡RWAAAAARR!– gruñó el dragón.

 Cada vez estaba más enfadado y, como nosotros bien sabemos, también más asustado. Era urgente entretenerlo para que se quedara tranquilo y no arrasara la ciudad en un descuido. Esta vez fue Pablo el que tuvo una brillante idea.

 –Dicen que la música amansa las fieras y este dragón es una gran fiera, así que podemos hacer turnos para cantarle, de esta manera estará tranquilo mientras preparamos todo lo necesario para el truco de magia de Olatz.

 Dicho y hecho, enseguida se organizaron grupos de música para entretener al nuevo visitante de la ciudad. Olatz, que además de hacer magia también sabía cantar, cogió una guitarra y junto a sus amigas empezaron el primer turno de canciones.

 –¡Rwaaaaarr! –volvió a gruñir el dragón, pero esta vez un poco más bajito, parecía que la música le gustaba.

 Mientras los niños y niñas entretenían al dragón, la abuela Nina organizó grupos de trabajo para coser una sábana gigante y para construir una varita mágica superlarga.

 Pasaron horas y horas, unos cantando, otros cosiendo, otros pegando trozos a la varita; y al final todo estuvo dispuesto. La sábana era enorme y llena de colores y la varita mágica, muy larga construida con palos de escoba. Mientras tanto, el dragón se había relajado tanto que se había quedado dormido.

 Por fin todo estaba dispuesto para el truco de magia que devolvería al dragón a su cuento que era donde tenía que estar. Había llegado el momento de Olatz, pero la pobre se puso nerviosa y le empezó a doler la tripa mientras pensaba:

 –¿Y si no lo sé hacer?

 Ana, que le conocía muy bien, se acercó a ella, le dio un abrazo y le susurro al oído:

 –No tengas miedo. Cree en ti y lo harás muy bien.

Y se quedó junto a la niña con el libro del dragón en sus manos. Entonces, Olatz mandó a la porra el dolor de tripa y los nervios, cogió la varita mágica, dio la orden de tapar al dragón con la sábana y se acercó todo lo que pudo a él.

 –¡SINSALABAN SINSALABIN QUE SE VAYA EL DRAGÓN DE AQUÍ!

 Y el dragón ni se movió. ¡Uf, qué mal! Todo el mundo permanecía callado, muy atento a lo que hacía Olatz casi sin respirar para no molestar, pues era muy importante que el truco de magia saliera bien.

 –¡SINSALABÍN SINSALABÁN QUE EL DRAGÓN VUELVA A SU HOGAR!

 Y esta vez sí que funcionó, desapareció el dragón y hasta la sábana multicolor con la que estaba tapado. 

–¡Está aquí! –exclamó Ana mostrando el libro–. Mirad ha vuelto al cuento y ahora lleva la sábana que hemos cosido entre todos. 

Un gran aplauso estalló en la ciudad, todo volvía a la normalidad y la gente estaba muy contenta. Olatz no se lo podía creer: ¡un dragón, había hecho desaparecer un dragón! 

En ese momento habló la alcaldesa, agradeció a Olatz, a su familia y a todos los allí presentes su colaboración reconociendo que sin su ayuda no se podría haber solucionado el gran problema que les había caído del cielo. Y propuso seguir con las actuaciones que habían empezado para entretener al dragón, pues habían descubierto que en la ciudad vivían muchos grandes artistas. 

A Olatz la idea le pareció la bomba, así que junto a sus amigas formaron el grupo “The Dragon Rocking Girls” que con el tiempo llegó a ser conocido en el mundo entero. 

Y sinsalabín sinsalabán esta historia ha llegado a su final. 

 

corazon-pilyFebrero 2014       Pily

 

 

 

 

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