Oparipuinak

Oparipuina: ¡Oh, día especial!

Un dorado rayo de sol el cielo iluminando está. Es un día especial, un día de amor y paz. Trece de septiembre: ¡día de fiesta celestial!

Zerua-cielo

Otro rayo de luz ilumina un corazón, es el corazón de María que sabe que Héctor  pronto llegará.  Sonríe tranquila, esperando con alegría el momento de su venida.

Todos en el cielo prestan atención, quieren ver al niño preparado para partir. Nadie se quiere perder este momento lleno de emoción. Y Héctor dispuesto está para la gran aventura comenzar.

Siete ángeles junto a Héctor van, cantándole canciones de amor para que haga el viaje con más diversión.

Las hadas, que nunca faltan cuando un niño va a nacer, dibujan con polvos mágicos un camino dorado con su baile alocado.

¡Oh, día especial, fiesta celestial! ¡Héctor preparado está! El niño ríe y ríe sin parar a la espera de un nuevo viaje comenzar.

Las nubes se pintan de azul, y la más bonita de todas en un cesto se trasforma para que Héctor en ella se pueda balancear como si fuera un tilín-talan.

El niño desde el cielo ha partido ya y llegando suavecito a la Tierra está. Mientras, en su casa esperándole están con emoción.

Los duendes hablan con las margaritas: “¡Héctor está a punto de llegar!” Éstas una bonita cuna le quieren regalar. Las flores alegres se trenzan entre ellas, y deprisa, deprisa una cuna crean.

tximeletaLas mariposas, con sus alas llenas de colores, unas bonitas sábanas bordan para a Héctor  abrigar ya que apunto está de llegar.

También las estrellas quieren este día brillar, y en cohetes de caramelo se trasforman para junto a la cuna de Héctor a tiempo estar y con cariño su habitación iluminar.

El sol y la luna, con más fuerza que nunca, unen sus rayos de luz para que todos la carita de Héctor puedan ver nada más nacer.

¡Oh, día especial, fiesta celestial! ¡Héctor llegando está! Una risa se escucha por el cielo, cascabeles dorados resuenan sin parar: ¡es Héctor que contento está!

Y María abre su corazón para recibir con gran ternura, al niño del amor, a la luz de sus días.

– ¡Héctor, tesoro, ya estás entre nosotros! – susurra con dulzura de mamá.

Los gorriones, que también se han enterado, con trinos de alegría reciben al bebé. Y su canto tan fuerte es que todos en Montijo saben que a Héctor aquí tenéis.

Una fiesta de algarabía se organiza en este día. Todos juntos en la casa están: ángeles, hadas, duendes, margaritas, gorriones… Y alegría y emoción en los  corazones de todos los que a Héctor queremos.

 

¡Oh, día especial, fiesta celestial! ¡Héctor ha llegado ya! ¡Bienvenido eres a esta vida sin igual!

 

(Febrero 2013) Pilycorazon-pily  

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