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Oparipuina: June Tximeleta

 

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Marisa

Supongo que alguna vez os habréis preguntado de dónde vienen las mariposas, y, también supongo, que no tendréis una respuesta clara sobre el tema. Pues yo sí tengo una respuesta y para explicároslo os voy a contar la historia de una mariposa tierna y bonita: la historia de June.

June Tximeleta

June es una niña de las estrellas que llegó a la Tierra en el año dos mil diez, año de alegría y diversión. En casa le esperaban Carlos, Amaia y, por supuesto, Ane también    -otra niña de las estrellas que ansiaba compañía en este viaje a la Tierra-. Los tres, muy emocionados con la idea de ser uno más en la familia, prepararon todas las cosas necesarias para que la llegada de June al hogar fuera lo más bonita posible.

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Marisa

June era una estrella con mucha, mucha prisa, por eso, aquí en la Tierra, lo hizo todo rápidamente. June jugaba, saltaba, bailaba, tocaba el tambor, se enfadaba y se desenfadaba, reía y lloraba, cantaba y hablaba… Todo muy rápido, con prisa, con mucha prisa. Ella, de alguna manera, sabía que su tiempo en la Tierra era corto, muy corto; por eso todo lo hacía con muchas ganas y alegría.

Un día, demasiado pronto en la opinión de todos los que querían a June, su cuerpo enfermó y ella poco a poco se fue quedando dormida, hasta llegar a dormirse del todo. June entró en ese sueño del que nadie despierta; pero, al mismo tiempo y sin que nadie se diera cuenta, algo mágico y maravilloso sucedió dentro de ella.

Mientras el cuerpo de June se dormía, en su interior, poquito a poco, se fue produciendo una gran trasformación: una mariposa nació, o mejor dicho, una tximeleta nació, porque es así como llaman a las mariposas en casa de June. Esta dulce tximeleta se colocó sin prisa, pero con mucha decisión y cariño, en el corazón de June, justo en el centro de su pecho, donde palpita el amor.

Al principio, la tximeleta era muy chiquitita y apenas tenía color. Luego, según pasaban los días y según June se dormía más profundamente, la tximeleta se fue haciendo más y más grande en su interior. Cada día que pasaba esta tximeleta  se hacía un poquito más grande y sus alas se cubrían de más color; hasta que, finalmente, la tximeleta estuvo completa y pintada con los colores del arco iris.

Entonces, llegó el momento: June se durmió y al mismo tiempo despertó. Se trasformó en la tximeleta más hermosa que jamás de los jamases nadie de los aquí presentes hubiéramos podido imaginar. Una tximeleta preciosa: llena de color, de alegría, de vida, de risa, de amor… ¡La más bella tximeleta del Universo! Es una pena que nadie en la Tierra la pudiera ver.

Porque, ya imagináis que, cuando los niños de las estrellas se duermen para siempre se trasforman en tximeletas y, antes de irse al País de las mariposas, se despiden de sus seres más queridos dejándoles un regalo escondido que cada uno de ellos tiene que encontrar.

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Marisa

Cuando June, la tximeleta, dejó su cuerpo al primero que vio fue a su aita Carlos y con todo su amor voló directa hacia su corazón. Allí dejó su regalo: un beso con gotitas de pintura dorada que dibujaron una gran sonrisa en el corazón de su aita. Después, June tximeleta fue hacia Amaia, su ama. Y ¿qué regalo le dejó? El mismo que a Carlos, un beso con una gran sonrisa dibujada en el corazón, pero a  su ama se lo pintó en azul celeste, pues cada uno tenemos nuestra propia esencia, nuestro particular color.

Después, buscó rápidamente a Ane, su hermana de las estrellas, y otro beso con sonrisa enorme en su corazón dejó. Mas este beso era especial, pues dos colores tenía: uno para dibujar una sonrisa dorada  y otro para dibujar una sonrisa azul celeste. Así pudo dejarle dos regalos en vez de uno antes de marchar, pues, como hermanas y estrellas que eran, un regalo especial le quiso ofrecer.

Luego, siguió con su tarea y fue dejando besos de colores que dibujaban sonrisas en los corazones de todos los que había conocido. Regaló besos con sonrisa: a Nahia, a Uxue, a Aiora, a Aimar, a sus tíos, a sus tías, a los abuelos, a las abuelas también, y después a los amigos y amigas del colegio, a los vecinos, a las vecinas…, a todos y cada unos de los seres que en su corta vida con ella se habían cruzado.

Y, cuando por fin acabó de repartir regalos y de despedirse de todos, emprendió su vuelo hacia el País de las mariposas. Pero, como no sabía cuál era el camino, revoloteó durante unos segundos observando y mirando todo lo nuevo y maravilloso que ahora veía y que antes de ser June tximeleta no podía ver.

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Marisa

Entonces, en el cielo descubrió una luz blanca, muy blanca y bonita, muy bonita, que le llamaba indicándole el camino. Cuando June tximeleta llegó a su lado descubrió que esa luz era irradiada por un hada: El Hada de la Luz. Esta hada era tan amable y le miraba con tanto amor que enseguida se hicieron amigas. Y como June tximeleta quería saber cómo se llegaba al País de las mariposas se lo preguntó con mucha confianza y tranquilidad.

–Es muy fácil June Tximeleta –le explicó El Hada de la Luz–. Sólo tienes que cruzar el puente dorado que separa el mundo de los humanos del mundo de las mariposas. Es fácil si te has despedido bien de todos los que en la Tierra dejas.

June Tximeleta contestó rápidamente que se había despedido de todos sin olvidarse de ninguno. Además le explicó que, a todos y cada uno de ellos, les había dejado una sonrisa de color dibujada en el corazón para que, cuando se acordaran de ella, pudieran sonreír y para que, con el tiempo, sus vidas pudieran ser pintadas de color y de alegría verdadera.

–Ya veo que has hecho bien tu trabajo –dijo El Hada de la Luz contenta–. Ahora ya puedes empezar tu nueva vida, pues, como te habrás dado cuenta, la vida no se acaba, solo se trasforma. ¡Bienvenida seas al País de las mariposas!

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Marisa

Y El Hada de la Luz cubrió a June tximeleta con polvo de hadas y el puente dorado apareció ante sus ojos. June tximeleta muy contenta comenzó a cruzar el puente y, según lo andaba, iba viendo como aparecían más y más tximeletas. Todas ellas se habían acercado hasta el puente a recibir a June tximeleta; para que sintiera que no estaba sola y que nunca, nunca lo estaría, pues las tximeletas, todas ellas, forman una única, enorme y maravillosa familia que arropa con amor a todos los que en tximeleta se trasforman.

Y, de esta manera, hemos descubierto dos historias: el principio de la larga aventura de la vida de June tximeleta y la verdadera respuesta a la pregunta de dónde vienen las mariposas. Y para que sepáis que todos los que con el tiempo os trasformareis en tximeleta, por ahora, lo único que tenéis que hacer es cerrar los ojos y mirar en vuestro interior: seguro que veis la sonrisa de color que, June tximeleta, como un regalo os dejó.

Pily Mendiri corazon-pily

 

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6 comentarios

  1. Quería escribirte con tiempo, en un momento en el que mi corazón estuviera a la altura del maravilloso regalo que nos has hecho, ese precioso cuento dedicado a June, a nuestra querida “Tximeleta”.
    Sólo puedo decirte gracias, gracias desde lo más profundo de mi, unas gracias que sólo la puede recibir un corazón que ha creado lo que nos has dado, ilusión, esperanza, fantasía, ….

    Las palabras son maravillosas, nos pueden hacer cruzar esa frontera que no vemos, pero que llevamos dentro, nos puede hacer ir a lugares que jamás llegaríamos y gracias a tí, hemos visitado ese lugar, ese lugar, dónde está la esencia de June rodeada de amor y cariño.

    Un abrazo muy muy fuerte y sigue con ese “don” que tienes alegrando corazones y haciendo que viajen por unos minutos a esos mundos maravillosos que no vemos, pero los sentimos.

    Gracias Pily

  2. Sólo puedo decirte gracias, gracias desde lo más profundo de mi, unas gracias que sólo la puede recibir un corazón que ha creado lo que nos has dado, ilusión, esperanza, fantasía, ….

    Las palabras son maravillosas, nos pueden hacer cruzar esa frontera que no vemos, pero que llevamos dentro, nos puede hacer ir a lugares que jamás llegaríamos y gracias a tí, hemos visitado ese lugar, ese lugar, dónde está la esencia de June rodeada de amor y cariño.

    Un abrazo muy muy fuerte y sigue con ese “don” que tienes alegrando corazones y haciendo que viajen por unos minutos a esos mundos maravillosos que no vemos, pero que los sentimos.

    Gracias Pily y gracias a Marisa la ilustradora, por esos maravillosos dibujos. Gracias Alazne por lo que te toca a ti también.

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